—¡No digas! —Harold dijo alegremente. Se sentía bastante complacido consigo mismo.
Antes, había jurado que no se comprometería con la solicitud de Ninian.
Pero esas palabras fueron arrojadas a la basura como si nunca las hubiera dicho en su vida.
Era de conocimiento de todos que Harold nunca tomaba en serio sus juramentos.
Pronto, Harold y Ninian llegaron al hotel donde se hospedaba Raina.
Se encontraron con ella en las escaleras, ahorrándose la molestia de buscarla.
—¡Hal! ¡Ninian!