Capitulo 3

Dhara POV’S

-Te propongo algo. Hagamos un trato, serás mi reina y yo tu mafioso, vamos a conocernos y a vivir esta vida juntos. Habrá un tiempo límite donde si te logro enamorar te quedas y si no, pues te dejo marchar. ¿Aceptas? - me dijo muy cerca de mí.

A ver Dhara, no tienes nada que perder, ya estas secuestrada.

- Acepto - dije finalmente sin miedo alguno ni arrepentimientos. Esta sería mi vida, ¿no?

- Que te quede claro que esto no es un juego. Te voy a enamorar – me dijo con una sonrisa preciosa.

- Lo tengo claro. Ahora mi pregunta es, ¿te enamoraras tú de mí? - dije segura al igual que el con una sonrisa a medias.

- Te aseguro que, si lo logro contigo, también yo estaré incluido. - me contesto guiñándome su ojo izquierdo

–ahora ven que es tarde y necesitas descansar - me dijo con ese tono de orden superior.

Sin embargo, lo mire un poco desconfiada.

- No te voy a obligar a hacer nada que no quieras, Dhara - dijo bufando y rodando sus ojos.

- Esta bien, está bien - dije alzando las manos en forma de paz caminando hacia la cama, levante las cobijas y me adentre en ellas al lado de Alexander. Este hizo lo mismo y apago la luz.

- Buenas noches - dije

- Buenas noches mi reina -

Me dormí pensando en lo lindo que sonaba ese ´´mi reina´´ de sus labios.

.....

Al levantarme no sé por qué me despierto con esa especie de felicidad en mí, llevaba 3 días aquí y en ningunos de ellos me había levantado como hoy. Me doy la vuelta y veo que estoy sola, ya el mafioso se había levantado.

Me doy una ducha y me coloco una falda tipo short negra y un top de encaje blanco, unas sandalias de piedras, peino mi cabello y lo acomodo, me miro en el espejo y noto que estoy aceptable.

Escucho que tocan la puerta y veo un Alexander ya vestido, con unos pantalones grises ajustados, un polo blanco y unos tenis de igual color.

Se veía muy guapo.

Se queda de pie junto a la pared observándome con media sonrisa.

- ¿Lista? - me pregunta

- ¿Para qué? - le pregunto sin entender

- Hoy empieza tu nueva vida conmigo - dice caminando hacia mí.

- Oh, eso, sí - digo nerviosa y algo tímida.

- Vamos? - dice dándome la mano para que lo siga.

- vamos - le digo tomando su mano y sonriendo al igual que él.

Me mostró la gran casa, tenía tres pisos. Era el doble de la mía. Poseía un hermoso jardín rodeado de flores, una piscina, una gran sala, comedor, una muy linda y grande cocina que si fuera yo no la usaría para cocinar por miedo a ensuciarla, al igual que todo lo que había en la casa. Todo era precioso.

Fue muy entretenido la verdad. Reía mucho con él, tal vez me equivoqué al pensar que me haría daño.

Terminamos Desayunando en el jardín con la vista a la piscina. Solo tome un poco de frutas y zumo de naranja, mientras que Alexander se comió unas tostadas, unos wafles, una manzana y un zumo de naranja.

- ¿Te preocupa tu cuerpo? - me pregunto riendo, se estaba burlando de mí.

Sonreí

- No, no es por eso, siempre he comido poco. Es raro que coma .... como tú, tanto -dije

- Umh, pero te apuesto que te gusta la comida chatarra, la Nutella y el helado - dijo burlándose y rodando los ojos haciéndome reír

- Has acertado! Me encantan - dije riendo - ¿y a ti? - le pregunté

- No, es comida chatarra. Engorda y enferma, además deberías comer sano, es lo mejor para ti y tu cuerpo - dijo serio

- Excúseme Doctor Black, pero así soy yo - dije sonriendo y burlándome a la vez

- Esta excusada, Señorita comida chatarra - dijo riendo.

- Te gusta cocinar? - me preguntó

- No lo he intentado muchas veces, pero me salen unas aguas tibias muy buenas - dije riéndome

- No me digas - dijo burlándose de mi

- Y tú? ¿A caso sabes cocinar? - le pregunté

- No mucho que digamos, al menos se servir un vaso de agua - dijo sonriéndome

Negue con la cabeza sonriéndole ampliamente.

- ¿Y besar, sabes besar? - me preguntó pícaro

- Compruébalo tú mismo – le dije siendo mucho más atrevida que él.

Me tomó de repente por la cintura haciéndonos juntar sin dejar ningún espacio entre nosotros, miraba sus labios ansiosa, mi respiración era agitada, mire ese brillo que tenían sus ojos, se sentía de maravilla estar tan cerca de él.  Cuando por fin que logró lo que quería, unió nuestros labios, saboreando cada parte de mi boca.

No fue un error aceptar su contrato, el error hubiera sido no haberlo aceptado.

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