Mía había regresado a la habitación y se sentía tan bien, en especial por esos momentos tan deliciosos del día, como lo eran abrir los ojos y ver a su esposo con esa expresión de niño pequeño, con el cabello revuelto; y por las noches, arrimarse a su cuerpo para dejarse abrazar y dormirse enseguida.
Así fueron pasando los días, Nathan estaba recuperando su movilidad, ya no necesitaba la silla de ruedas, su cuerpo estaba alcanzando la misma forma de antes, esa que a Mía enloquecía aún más, era