Alice había continuado el beso, pero al darse cuenta de que era demasiado intenso para seguirle el ritmo, se alejó y se golpeó la cabeza con la pared. El ruido fue secó y lágrimas se amontonaron en sus ojos. Maksym la miró como se agachó y acarició su cabeza.
—¿Estás bien? —le preguntó, imitando su posición.
Ella negó con la cabeza y él suspiró para lo que ya sabía que iba a venir. 3... 2... 1...
—Debo tener una contusión cerebral. Probablemente, ya se estén formando coágulos en mi cerebro —lo