Curthwulf piloteaba tan rápido como podía, pero, incluso así sentía que estaba tardando una eternidad. Mientras Charlotte luchaba por no perder a alguno de sus hijos, Curthwulf limpiaba sus ojos cada minuto por la acumulación de lágrimas.
— Debes estar bien, cariño. Dios mío, sé que no hablo contigo muy seguido, pero, por favor, ayúdame. Te pido perdón si en algún momento fui codicioso al desear una humana que nunca tenía pensado transformar.
>> Pero, señor, castígame a mí, no a ella. Si hay al