Aria despertó al sonido de lluvia golpeando piedra.
No. No lluvia. Sangre.
Goteando desde las ruinas sobre ellos, cayendo en charcos que se habían formado en el suelo desigual. Su cabeza pulsaba donde algo la había golpeado. Cuando trató de moverse, cadenas de plata mordieron su piel, quemándola.
“Finalmente despierta.” La voz de Elena, mil tonos armoniosos y discordantes a la vez. “Comenzaba a preocuparme de que me había excedido. Sería una lástima arruinar mi obra maestra antes de que el espe