Allison apartó la mirada por instinto.
Antes de que pudiera reaccionar, Jareth la levantó en brazos.
Era alto, y cargarla parecía no costarle ningún esfuerzo. Por un segundo, sintió que sus pies habían dejado el suelo. El movimiento repentino le hizo dar vueltas la cabeza. —¡Bájame! —exclamó.
Jareth aflojó el agarre.
Allison soltó un pequeño grito y, presa del pánico, rodeó su cuello con los brazos.
Aún aferrada a él, miró hacia abajo y se dio cuenta de que estaba sentada en sus brazos, con los