Xavier llegó a la finca dos días después con la urgencia específica de un hombre que había encontrado algo demasiado importante para entregarlo por cualquier otro canal que no fuera su propia mano.
—Tengo la fuente de financiamiento —dijo, sin preámbulos, colocando una gruesa carpeta sobre el escritorio de Atlas—. Y tengo nombres.
Atlas se enderezó de inmediato.
—Dime —dijo.
Xavier abrió la carpeta, sus movimientos precisos, con la disciplina particular de un hombre que había pasado días armand