La confrontación entre los dos hombres fue como un choque silencioso de espadas con hojas lo suficientemente afiladas como para cortar el aire denso.
Las auras de Sean y Lance estaban a la par. Ambos se miraron sin la menor intención de ceder.
Detrás de ellos, Yvette ya no podía manejar este punto muerto.
Ella jaló la esquina de la camisa de Lance y susurró.
"Vámonos. No perdamos el tiempo aquí”.
Lance tomó su mano. Su expresión parecía llenas de placer e indulgencia.
"De acuerdo, vámonos"