Punto de vista de Adrian
Después de conducir sin rumbo durante horas, terminé en un bar. Era lo único que podía hacer antes de ir a casa de Briar y hacer el ridículo.
—¿Qué desea tomar, señor? —preguntó el camarero.
—Gin tonic. Con ginebra fuerte —respondí.
—Entendido.
Mi bebida estuvo lista enseguida. Para acallar mi extraña sensación, me bebí el vaso de un trago y pedí otro. Me burbujeó al bajar por la garganta y pareció disipar la tensión que sentía.
—Hola, guapa. ¿Qué desea? —preguntó el ca