Las lámparas de araña de cristal de Le Lumière d'Or proyectaban prismas sobre el rostro descontento de Avery Jackson mientras hacía girar el tallo de su martini intacto. Sus amigos, un grupo de celebridades neoyorquinas, chocaron sus copas y rieron con un aire de despreocupación practicada. Sin embargo, en medio de la opulencia, la fachada de Avery se resquebrajó.
"Avy, ¿estás bien?" La preocupación impregnaba la voz de su amiga, cortando el murmullo de las conversaciones de élite como un bistu