Freya no se aplicó ningún esmalte de uñas en sus dedos largos y delgados. Sus manos impecables y sin mácula resaltaban el brillo del anillo de diamantes.
Bajó la cabeza y sintió que el anillo era tan brillante que le hacía doler un poco los ojos.
Toda mujer fantaseaba con el momento en que alguien le pusiera un anillo de bodas en su dedo anular.
Freya no era la excepción.
No esperaba que Declan le diera un anillo en esta ocasión en un yate.
"Se ve bien", dijo Declan con voz ronca. "Te queda bie