Capítulo ochenta y siete: Una cucharada de tu propia medicina
“Narra Harry Mascherano”
Llego al hotel de mal humor y me pongo peor cuando no encuentro a mi mujer en la suite. No entiendo por qué sigue trabajando en ese hospital de quinta. Está en el mejor momento de su carrera soñada y cobra miles de dólares por ello. No tiene necesidad de jugar a los enfermeros con el doctorcito imbécil ese que la pretende.
Me meto bajo la ducha y me masturbo pensando en esa malditą demonia. Desde que me ligué