ANTONELLA.
UNA COLAZIONE E UNA VERITÀ CHE DISTRUGGE
Llevo más de una hora despierta observando el sol que se adentra por la pequeña abertura de la persiana, Alessandro duerme con su rostro escondido entre mi cuello, su mano izquierda me sostiene de la cintura, sus pies se mezclan entre los míos.
Maldición necesitó ir al baño.
Sus ronquidos golpean mi oreja, lo observo y niego con la cabeza como puede dormir sin escuchar su flamante y elevada forma de roncar.
Paso mis manos por su cabello A