—Muchas gracias señora Alma, de verdad muchas gracias, ¿sabe algo? No sentía un calor ni un amor como de una madre desde que mi madre falleció, de verdad gracias por estar en estos momentos conmigo y aconsejarme como lo hace— Asintió con tristeza
—Tranquilo mi niño, con el permiso de tu madre, que está en el cielo con Dios, me gustaría ser una segunda madre para ti
—Sé que mi madre estaría muy feliz de ver que usted está aquí apoyándome, aconsejándome y dándome ese calor de madre, de verdad g