Kaia
—Dímelo todo.—
En ese momento, ya no pude contenerme y se lo pedí. Aunque sabía que después de esto, tal vez solo lograría agitar mis emociones, usándome para que sintiera lástima por él o lo escuchara.
Me miró con una profunda soledad. Pero no me importó.
—Eres mi pareja, mi Luna— tomó una respiración.
Se veía débil. Esos ojos azules suyos, brillando como si estuvieran llenos de lágrimas, hicieron que me resultara difícil apartar la mirada de él.
—Te amo, y resulta que ya nos habíamos con