Kaia
—Ah, esto es un poco difícil.— Solté un profundo suspiro mientras me alejaba del escritorio.
Me recosté en la silla, dejando caer la cabeza hacia atrás mientras parpadeaba varias veces, tratando de recuperar el enfoque.
Mi atención se dirigió a la mano que se extendía para colocar una taza de café sobre mi escritorio. El vapor se elevaba de manera tentadora desde la taza, y levanté la mirada hacia la dueña de la mano delgada, que me miraba con una sonrisa amable.
—Necesitas descansar, seño