Solo llevamos cinco minutos de regreso en Ashford Falls cuando Daisy llega en medio de un nuevo desastre.
—¡Gracias a Dios que has vuelto! —grita, empujándome hacia la casa. Lleva un peto manchado de pintura y el pelo recogido con un pañuelo de puntos rojos, como una versión de Instagram de Rosie la remachadora. Daisy entra corriendo a la cocina y arroja una caja enorme sobre la mesa. —¿Has oído hablar de Ginny Whittaker?
—¿No? — Miro la caja. No sé qué hay dentro, pero supongo que no es nada