XII.
AMALIA.
El rey se estaciona delante de la universidad.
—Gracias por traerme —le digo agarrando mis cosas.
—Es un gusto —me dice—. Que te vaya bien.
Asiento y salgo del auto, el cual se va apenas cierro la puerta.
Cuelgo bien la correa de la mochila en mi hombro antes de dirigirme a la facultad mientras unas personas me ven, lo cual ya no me sorprende, y ya que todos saben quien es mi alma gemela, además de eso, hay que agregar el hecho de que tengo a dos mujeres detrás mio siguiéndome para aseg