CAPÍTULO VEINTISIETE

Caminando a través de las calles desoladas, escuchando en su cabeza una y otra vez las palabras que Alejandro le había dicho, Amelia se mantuvo caminando por un tiempo más.

Y como si el destino lo hubiera predicho, un auto color negro de detenía justamente en donde era marcada la línea que separaba una avenida de otra y solo bastó que dirigiera su mirada a aquel lugar para darse cuenta que la mujer que no tenía mucho de haber visto era la misma que caminaba desolada.

—Amelia —, murmuró orilla
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