Irina…
Sé que es una mala idea, no debí aceptar venir con él, pero es que cuando me hizo ese gesto de tristeza no pude evitar decir que no, sé que lo hizo a propósito, seguramente usa ese gesto cada vez que quiere conseguir algo, debí decir que no, pero ahora ya estoy en el auto.
–¿A dónde quieres ir? –preguntó.
–Creí que tú sabías –respondí –. No puede ser en el club, no volveré después de la última vez.
–Tú padre tenía algunas acciones ahí, ¿qué fue lo que pasó con ellas?
–Mi madre las vendió