Mar asintió y se apresuró a cambiarse y alistarse para estar con él. Apenas entró no pudo evitar que las lágrimas volvieran a surcar sus mejillas, le dolía en el alma verlo lastimado. Se sentó junto a él y tomó una de sus manos.
—Hola amor... Mira que nos gusta darnos sustos ¿eh? —susurró con voz a