Mitch se quedó petrificado en la puerta de la oficina, pero sabía que a menos que quisiera una desagradable escena frente a todos sus empleados, lo único que podía hacer era entrar, cerrar la puerta y pasarle el seguro.
—¡Estás vivo…! —murmuró con una expresión de incredulidad—. ¿Cómo es que estás