—¡Al niño! Marina no es nadie, ella no me interesa —dijo Sandor con desprecio—. Al que quiero es al niño.
—¿Y tú para qué demonios quieres a mi hijo? —gruñó Mar.
—¡Porque es mi hijo también! ¡Tiene que estar conmigo, es mi heredero, todo lo que tengo será para él! —bramó Sandor y Mar arrugó el ceñ