Mundo de ficçãoIniciar sessão..." Você é minha estrela guia. A menina da minha vida... Te amo eternamente Júlia..." Um amor quase impossível. Se torna o amor inacabado.
Ler maisEn cuanto amaneció, me vestí a toda prisa y tomando las espadas, corrí hacia el patio de armas donde los soldados esperaban. Mis doncellas apenas tuvieron tiempo de seguirme y cuando finalmente escucharon los sonidos provocados por la pelea, se convencieron de que sus palabras no conseguirían persuadirme de aplazar el entrenamiento.
Tenía que aprovechar la frescura del alba y mis fuerzas renovadas por una buena noche de sueño. No siempre contaría con esos guardias para que me defendieran, así que lo más sensato era prepararme lo mejor posible y robarles esas mañas que los habían ayudado a sobrevivir a tan arduas batallas.
Ni siquiera detuvimos a descansar tanto como en otras ocasiones y solo me limité a tomar un poco de agua para no desfallecer. Las sombras de las torres me perseguían, al igual que las manecillas de un reloj, anunciando el paso de las horas y como si quisieran arrebatar el dorado de mi vestido, que contrastaba demasiado con la sobriedad de las altas murallas grises.
Volví al combate, sintiendo las miradas de las doncellas y los curiosos que se acercaban para comprobar cómo me defendía y una carcajada logró debilitarme las piernas, cuando perdí la espada que aferraba con la mano izquierda.
—Nunca podrás pelear con dos espadas —me advirtió el rey, muy divertido.
Inmediatamente todos nos volteamos para saludarlo respetuosamente y él me tomó por los hombros, plantándome un ruidoso beso en la mejilla. Llevaba un traje oscuro, semejante a los de sus hombres y quizás en exceso modesto para un rey, más lograba mantener la adoración en sus súbditos que le agradecían por tanta modestia.
—Busquen entre mis escudos uno que sea bastante ligero para la princesa—ordenó con voz severa—. A partir de mañana tendrá que aprender a combatir con un escudo atado a su mano, si es que quiere sobrevivir.
Los guardias contuvieron la risa. Ellos sabían perfectamente que me empeñaba en aprender a luchar con dos espadas porque no era rápida y siempre descuidaba mi flanco izquierdo, pero no se atrevían a señalármelo y por eso tuvieron que aguardar a que se presentara la oportunidad. Yo no ignoraba el aprecio que me tenían y les era recíproco, ya que jamás habría deseado siervos más fieles, aunque bastaba con mirarnos para saber que yo no pertenecía a la tierra donde ellos nacieron.
Mis cabellos negros, ensortijados, los ojos de un verde marino y la piel bronceada, eran rasgos de tierras más cálidas y a nadie le pasaban desapercibidas tales diferencias. Yo desentonaba entre las mujeres que convivían en el castillo, gobernado por un señor rubio y pálido.
Sutilmente, los guardias y las doncellas nos dejaron solos, resguardados únicamente por las sombras y la briza húmeda que llegó para despeinarme.
—Ese vestido no parece cómodo para luchar—me señaló el rey, inclinando la mano para secarme la frente con un pañuelo perfumado.
—No es fácil moverse con un traje tan holgado, pero al menos me sirve para distraer al enemigo cuando agito los pliegues.
Él se echó a reír y tomándome por el talle, me guio hasta las bancas donde tomamos asiento. Sabía que no me daría buenas noticias y le agradecí que al menos intentara prepararme un poco, antes de pronunciar esas palabras que me arrebatarían el aliento.
—Supe que anoche llegaron mensajeros de Áthaldar—le dije en un murmullo—. Me negué a recibirlos porque no soportaría verlos.
— ¿Cómo supiste que venían de Áthaldar? —me preguntó directamente—. ¿Los reconociste por ser tan morenos?
Sus palabras me arrancaron una carcajada que ahogué rápidamente. A él no se lo olvidaba cuanto me molestaba las diferencias entre nuestros rasgos y eso me hizo recordar que en el pasado obligó a mis nodrizas a llevar pelucas oscuras para que no me sintiera tan diferente. Sí, definitivamente él sabía cómo alegrarme.
—Siempre te las arreglas para contentarme —admití—. Te has tomado muchas molestias conmigo.
—Sabes bien que no eres una molestia para mí— rebatió, atacándome con esos ojos pardos que me recordaban tristemente a mi madre—. Te considero una hija, mi heredera, y ya es hora de que te permita ocuparte de tus obligaciones.
Me cubrí el rostro con las manos para tratar de evitar que mi corazón estallara. No quería escucharlo más. Necesitaba que todo se mantuviera como antes, sin cambios ni sobresaltos, o la felicidad que había tenido hasta entonces desaparecería.
—El rey de Áthaldar te desea por esposa —sentenció—. Ambos sabíamos que este día llegaría y…
—No —lo interrumpí—. No quiero volver allí.
—Es tu deber —declaró—. Eres la heredera legitima del rey Ódgon de Édazon y te corresponde regresar a tu pueblo y defenderlo de sus enemigos. Te he preparado para ello desde que eras una niñita y sé que me enorgullecerás con tus victorias.
Habría querido contenerme, pero las lágrimas brotaron y el peso en mi estómago me robó el aire. No soportaba escucharlo incitándome a volver a ese lugar donde había sido tan desdichada y con solo pensarlo, mi piel se erizaba.
—Por favor, tío —le rogué llorosa—. No quiero volver a ese reino. Allí me consideran una desertora.
—Pero no lo eres —refutó él—. Tuviste la suerte de que te encontrara antes de que esos desgraciados bárbaros te asesinaran como hicieron con tu madre y tus hermanos. Puede que no lo comprendan, mas no tuve otra alternativa que traerte a mis tierras o habrían terminado atrapándote. Te alejé de aquel caos para salvarte y siempre te prometí que un día regresarías para gobernar, tal y como tu padre hubiese querido. Ahora ha llegado el momento de que le demuestres, a esos que te han llamado cobarde, que sigues teniendo la sangre de los Édazon y que se han equivocado al juzgarte.
Mi llanto no menguó la determinación del rey y tuve que serenarme para poder mirarlo. No me comportaba dignamente, pero ante la posibilidad de perder mi libertad, detalles como esos dejaban de importarme.
—Ese rey solo quiere el tesoro que trajiste conmigo —le señalé—. Sabe que aun resguardo las arcas que con tanto celo mi padre te confió y espera que se las devuelvas como mi dote.
—Ese es un buen motivo, aunque hay otros más grandes —me aseguró—. El nuevo rey de Áthaldar no es un Édazon legítimo, sino un bastardo de tu tío Othord y por eso te necesita para que no lo consideren otro usurpador. Los señores de Ahandal, Idelzir y Enerthand, aseguran que él tomó el trono por la fuerza, como mismo hizo su antecesor, y que por ese motivo no puede ser considerado un rey legítimo, sobre todo porque aún vive una hija de Ódgon de Édazon.
ThomasPerda.A dor da perda...Na real, nunca sabemos quando isso vai acontecer. Quando vai ser o último dia, o último sorriso... O último eu te amo...Novamente me senti incapaz, como se estivesse afundando em areia movediça. Sem ter braço, ou perna, nada podendo fazer.Juliano fazia massagem cardíaca no corpo de Júlia que já na tinha reação. Raquel já tinha ligado para a emergência, e Júlio tinha subido junto com Aurora pra ficar com Jade. Eu, Josh e Marcus, pai da Júlia, estávamos de mãos atadas. Não tinha o que fazer." Anda Júlia respira". Juliano falava enquanto tentava fazer Júlia voltar. Ele chorava tanto. Todos ali estavam chorando tanto. Eu escuta Jade chamando pela Júlia também chorando.A ambulância no demorou pra chegar, e a médica e enfermeiros fez o que Juliano já tinha feito. Costaram o que todos não queria aceitar.
Júlia.Ah, a formatura do tão sonhado Senior, para ingressar na tão sonhada faculdade. A mudança da adolescência para a fase adulta resultando em vários compromissos e deveres da nova vida.Uns vão para a faculdade. Está nos planos. Outros só querem viver. Sair da bolha de "Precisa de um diploma pra arrumar um emprego que preste.". No final de tudo acaba se tornando vendedora de uma loja de luxo no shopping da cidade, ou garçonete do café da esquina. Qualquer das maneiras, acaba vivendo mais emoção.Mas nos meus planos eu seguiria a risca. Faculdade, emprego e... Tá. A partir daí já não teria mais planos. Mas a vida mudou drasticamente meu destino. Por um lado agradeço, eu realmente não saberia qual curso. Ou qual faculdade.Resolvo sair da bolha de pensamentos e vou até o grande espelho que tem em meu quarto. Olho para meu reflexo e estou agradavelmente bonita. Vestido preto, com uma blusa branca de manga e g
Júlia.Meu reflexo no espelho não me deixa surpresa. Talvez seja o costume rotineiro de todas as manhãs. As orelha debaixo dos meus olhos em profundidade indica que minha noites não foram muito bem. Meu corpo magro e fraco concorda com todo o resto.Mas apesar de tudo, eu tenho vivido momentos felizes. E hoje não seria diferente. Hoje seria o melhor dia, pelo menos dos dois meses que eu estou aqui, e eu estava animada. Pelo menos por fora eu parecia animada. Mas por dentro estava uma bagunça total.- Amiga está tudo bem?- ouço ouço voz de Aurora pela porta do banheiro.- Está sim- gritei. - Já saio.- digo e ela não responde, então creio que já tinha saído da porta. Pego o laço que estava em cima da pia e prendo meu cabelo em um rabo de cavalo baixo. Do jeito que eu costumava fazer, quando eu ainda tinha meu cabelo natural. Como antes.Ajeito meu moletom e dou uma última checada na laser. Quando
JúliaOlho para a porta pela vigésima vez em menos de 5 minutos. A pequena festa da Jade já tinha começado a uma hora atrás e a minha família e os enfermeiros estavam distraídos com a Jade, que tinha arrumado uma brincadeira com eles. Eu estava esperando Nick entrar pela porta, ainal eu sabia que ele não perderia a festa de Jade. Então porque até agora ele não chegou?Tira os meus olhos da porta e volto meus olhos para Jade que estava comendo um dos cupcakes que estava na mesa vestida com a fantasia da Pocahontas. Seu brilho inocente inunda pelo quarto. Ninguém poderia ficar triste ao lado da Jade.- Que tal se batermos o Parabéns logo?- minha mãe pergunta- Para poder abrir os os presentes.- Jade dá dois pulinhos batendo palma sorrindo.- Vamos vovó! Vamos bater parabéns- olho em direção a porta mais uma vez na esperança de Nick atravessar a porta mas não aconteceu.- Mas ainda tá faltando o Lord Ni





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