El automóvil sedán negro avanzaba con destreza táctica, filtrándose en mitad de la densidad del ruidoso tráfico de Nueva York.
En el asiento trasero, el pequeño Felix, quien al principio permanecía sentado en calma, comenzó a percibir que algo distaba de marchar bien.
Clavó la mirada a través de la ventanilla, contemplando la hilera de rascacielos que se erigían a magnitudes colosales, asimilando que la orientación del vehículo en absoluto se dirigía hacia su departamento.
—Lupe, ¿hacia qué si