Las cuatro mujeres que estaban chismeando saltaron de sus sillas de inmediato con expresiones muy sorprendidas. No se habían dado cuenta de que Windy ya estaba de pie en la entrada de la despensa desde hacía rato y había escuchado todos sus chismes.
Sus rostros se enrojecieron de vergüenza al instante.
—Señorita Windy, nosotras... solo... —Tina intentó explicar tartamudeando.
Windy levantó la mano para detener la explicación.
—No hace falta. Ahora vuelvan a trabajar. Todos tenemos muchas cosas