Windy, que estaba de pie afuera de la despensa, sintió una ira enorme al escuchar ese chisme. Quería entrar y enfrentar a esas cuatro mujeres. Pero se contuvo. Sabía que si entraba y las confrontaba en su primer día, crearía enemigas abiertas. Además, todavía era muy nueva en la empresa. No quería comenzar su nuevo trabajo con un conflicto abierto.
Pero entonces, una de las voces que acababa de hablar llamó la atención de Windy. La voz de Vera.
"No le tengo miedo", dijo Vera con un tono muy seg