—¡Mira! ¡Mira! ¡Estamos dentro de un helicóptero, de verdad! —gritó Donald, con los ojos brillantes.
—¡Mamá tiene que ver esto! ¡Qué chulo! —Billy gritó, alegremente.
Windy miró a sus hijos, que se reían, con un sentimiento ambivalente. Aliviada, porque ellos ya no tenían miedo. Pero también sintió un pequeño dolor, porque sus hijos se distraían tan fácilmente, de la tristeza de antes.
Luego, Windy vio que había un tercer helicóptero, que también aterrizaba. Los guardaespaldas empezaron a trasl