Justo cuando todos ya estaban casi listos para ir al centro comercial, el teléfono de Riko sonó de repente, en su bolsillo. Aquel hombre, que estaba jugando con Donald, sacó su teléfono de inmediato y miró la pantalla.
Su expresión cambió ligeramente. Pero él respondió, con un tono muy profesional.
—¿Hola? Sí, señor. Soy yo. Sí. ¿Ahora? De acuerdo, iré para allá, enseguida.
Después de colgar el teléfono, Riko miró a los niños, con una expresión muy apenada.
—Niños, el tío os pide muchísimo perd