Windy tenía que callarse. Ella tenía que dejar que Nixon cargara con aquella indemnización, tan grande, para proteger a su hijo. Aunque su corazón se le rompiera, por la culpa, ella no tenía otra opción.
Después de que el martillo del juez golpeara, por última vez, y la vista se cerrara oficialmente, el ambiente en la sala de vistas cambió de inmediato. Los abogados demandantes sonrieron, llenos de triunfo. El equipo de abogados demandados parecía decepcionado. Nixon, sentado detrás de Windy, p