Windy se quedó sentada en el asiento del conductor de su coche, durante casi dos minutos enteros, sin encender el motor. Sus ojos miraban fijamente al frente, pero sus pensamientos estaban en un lugar muy lejano. Los dos millones de dólares, que habían aparecido de repente en su vieja cuenta, seguían rondándole la cabeza, como un acertijo que no podía resolver.
Intentó pensar en todas las posibilidades. ¿Quién le habría enviado aquel dinero? ¿Cuándo? ¿De dónde procedía? No había ni una sola res