—Perdónanos, mamá, ¿vale, cariño? —susurró Windy, besando la cabeza de Flora, y luego, por turno, besando la cabeza de sus hijos varones, uno a uno—. Mamá no pudo volver ayer, porque hubo algo que mamá no pudo evitar. Mamá os ha echado muchísimo de menos a todos.
—¿Mamá también nos ha echado de menos? —preguntó Donald, con los ojos muy abiertos.
—Claro que sí, cariño. Cada segundo que mamá no estaba aquí, mamá pensaba en todos vosotros.
—Mamá no va a desaparecer otra vez, ¿verdad? —preguntó Bil