—Regresaste temprano.
Alcair se levantó del sofá al ver a Aileana que entraba a la casa con las mejillas sonrojadas debido al frío que hacia afuera.
— Si papi.
Aileana se acercó a su padre dándole un abrazo buscando la calidez de él.
—¿Pasa algo?
Aileana se separó de su padre y negó con su cabeza, él solo sonrió.
—¿Quieres cenar algo?
—No pa, no te preocupes, no tengo apetito, pero gracias... Eh, iré a mi habitación, estoy un poco cansada.
—Está bien, hija, descansa.
—Si papi, igual tú