27. ELLA, MI ALFA
Puedo sentir la lentitud de su respiración al momento en que bajo mi cabeza y nuestras narices se topan. Por un instante dudo y trago fuerte porque soy consciente que me puedo meter en la boca del lobo, pero…
–Empieza a demostrar lo que vales –murmuró desafiante sobre mis labios incrementando mi deseo por ella… y por Luna…–. Dime qué me harías si yo te dejase…
Su aliento mostraba las ganas que tenía pegando fuerte en mi rostro hasta tornarse en un adictivo reemplazo del oxígeno. Tragué grueso,