Después de haberse entregado a la protección que solo Franco podía dispensarle, Valeria salió de la oficina de novio más tranquila.
—¿Mauricio se llevó una copia del acta? —había preguntado Franco luego de descubrir que la fecha, las sumas y quizá otros datos estuvieran errados.
—No, no lo hizo —respondió Valeria—. Ni siquiera su abogado se llevó la suya. Lo recuerdo muy bien porque pensé, en ese momento, en que había sido una pérdida de tiempo sacar tantas copias. Ni siquiera tú tomaste una.