Ver al señor Carrizosa era como estar ante una proyección de Franco treinta años en el futuro. Era un hombre muy apuesto para su edad, que debía rondar los sesenta años, o al menos esa fue la impresión de Valeria cuando lo tuvo frente a ella y él tomó su mano para saludarla. Después de observarla a los ojos, Valeria vio la mirada del padre de su jefe estirarse por todo lo ancho y largo de su vientre.
—¿Ya tienes una fecha aproximada para el parto? —preguntó el señor Carrizosa.
Cuando Valeria es