POV: Valerie
La puerta estaba abierta frente a mí.
La luz cálida del pasillo cortaba la penumbra del despacho como un tajo limpio, invitándome a dejar atrás décadas de mentiras y rencores.
Pero Arthur no podía soportar verse derrotado. No podía admitir que la verdad ya no tenía el poder de hincarme de rodillas.
—¡No te atrevas a pensar en Regina con lástima! —su grito rasgó el aire, cargado de una rabia ronca, casi animal—. ¡No te atrevas a santificarla, Valerie! ¡Tú no sabes de lo que esa muj