Ambos se han quedado quietos, nadie dice nada, el silencio se ha vuelto muy abrumador y Sam no la pierde de vista de reojo. No sabe qué decir y es que no entiende si se lo está diciendo de verdad o de broma. Pero no dejará las cosas así.
—Johanna —la llama con una voz muy triste.
—No digas nada, Sam, ya tomé mi decisión —respondió la mexicana sin voltear a verlo.
Escuchar eso hace que Sam se sienta muy mal; el dolor en su pecho ha crecido. El nudo de su garganta no lo deja respirar, no sabe qu