George
Estocolmo, Suecia.
Ocho horas después, el avión privado estaba aterrizando en la pista privada de la ciudad de Estocolmo, un auto blindado estaba esperando por mí. Bajé los escalones despidiéndome de la azafata y el capitán, uno de los hombres de seguridad cargó mi pequeña maleta hacia la parte trasera del auto, me detuve para hacer una llamada a mi padre.
— ¿George? ¿Todo bien? —sus preguntas alertadas me hicieron arrugar mi ceño.
—Sí, todo bien, ¿Estabas dormido? —pregunté al escuchar