Jordan
Salía el sol cuando volví a casa. Celine me esperaba en el sofá, tumbada y abrazada a nuestro hijo.
Los observé durante un buen rato antes de subir a nuestro dormitorio y cambiarme, yendo directamente a la ducha.
Aún tenía sangre seca en las manos y me escocían los ojos de saber que había matado a un inocente. Héctor tenía razón, nunca le creería. Pensaría que era un truco y solo le escucharía cuando estuviera al borde de la muerte.
Me olvidé de mi lobo. Lo había dejado a un lado, dejánd