Esta había sido una de mis mayores preocupaciones. No quiero que mi bebé me vea de forma negativa. Podría decirles la verdad, pero eso significaría hacer que su padre pareciera un puto enfermo.
Mi mamá se levantó y se acercó para sentarse a mi lado. Tiró de mí y me abrazó. Sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas.
Malditas hormonas.
“No pasa nada, cariño, no te preocupes. Te seguimos queriendo y querremos al bebé”, añadió papá, uniéndose a nosotras.
Nos quedamos abrazados un rato an