Eline Baldwin
Había llegado al baile con mi hermoso vestido, el cual la propia modista había comparado con un trabajo hecho por hadas. Todo ese arreglo, junto con mi cabello perfectamente recogido con adornos incrustados con diamantes del mismo color, solo destacaba mi estatus en la manada principal: yo era una rose.
Todos tenían la obligación de notarlo en cualquier lugar al que llegara, ¿y mis adornos? Me harían destacar aún más, y, obviamente, dejaría claro que estaba por encima de todos.
Po