—¿¡Cómo demonios llegaste aquí!? —exclamó Amanda, su expresión era una mezcla de sorpresa y enojo.
—Qué forma tan grosera de saludar a una vieja amiga. ¿No vas a invitarme a pasar? —dijo Mabel, sonriendo ampliamente.
—No. Ahora contesta mi pregunta. ¿Cómo lograste pasar a todos los guardias de seguridad antes de llegar a esta entrada? —preguntó Amanda de nuevo, con tono amenazante.
—¡Relájate! —dijo Mabel—. No soy nueva aquí. Para que lo sepas, yo estaba aquí antes que tú. Yo manejaba las cosas