Punto de vista de Antonio
Miré con furia a los dos guardias, sus rostros pálidos y cubiertos de sudor, mientras colgaban de las cadenas en la mazmorra débilmente iluminada.
—*Inútiles* —escupí, con la ira hirviendo en mi interior—. *¡Lo dejaron escapar de entre sus dedos, y con un rehén además! No me habría importado si él hubiera sido el único que se fuera* —gruñí, intentando contener mi furia.
Ellos gimieron, sus ojos suplicando misericordia. Pero no tenía ninguna para dar.
—¿Cómo íbamos a so