Cuando estuvo completamente dentro de mí, se quedó quieto y se echó hacia atrás para mirarme. Sus ojos me ordenaban que lo mirara. Era muy hermoso. No podía apartar la mirada ni aunque quisiera. Tenía la mandíbula apretada y los ojos entrecerrados.
Empieza a moverse y mi boca se abre en éxtasis. Algo en sus ojos cambia mientras entra y sale lentamente de mí.
Estaba hipnotizada por él, por la mirada de adoración que vi en sus ojos y el placer que llenaba sus rasgos.
Levanto mis caderas para en