Corto y seco, el contacto del beso duro unos minutos, logrando que dejara de morderse el labio, a la vez en que parpadeo múltiple veces, desorientada y con dolor de cabeza.
–¿Marquillo? –con un hilo de voz, el mayor sintió alivio, abrazándola de nuevo en un impulso de encontrar calma.
–Señorita Mariana. Eso me asusto –coloco una distancia apropiada, respirando con tranquilidad.
–¿Que fue…? –notando el ardor en el labio, miro la boca de Marco asustándose ante el carmín que había copiado–. Tu