—Derek… —exhaló Olivia, dejando caer la cabeza hacia atrás contra el apoyacabezas de cuero mientras se giraba para mirarlo.
—Pronto, nena —murmuró él, con una voz baja que era una vibración peligrosa—. Pronto.
Manejaba con una mano, con la mirada fija en la carretera, pero su atención estaba enfocada por completo en la sensación de la piel suave de ella bajo su palma. Su pulgar comenzó una caricia lenta y tortuosa, subiendo por la curva de su pierna y rozando la piel sensible de la cara interna