Las siete y media de la tarde y Daniel no había vuelto de su trabajo. No podía ser posible con él, por mucho que Rebecca y su hijo habían insistido a Daniel para que volviera pronto y no les hiciera preocuparse, simplemente no le importaba. Pero ahora ella pensaba, ¿por qué tenía que preocuparse por él si él nunca se preocupaba por ellos?
—¡En cuanto venga me va a escuchar, lo juro!—. Dijo Rebecca, con una mano en la cintura. —¡Me va a hacer a escuchar!
—Mamá, ¿estás bien? ¿Estás enfadada con m