—Puede que nos quedemos aquí un poco más. Debería volver a tu casa a buscar más cosas tuyas.
—Ah, claro. No había pensado en eso —dijo Kimberly.
—Mañana —dijo él.
Cuando ella apartó la silla y se sentó, la opresión en su pecho disminuyó un poco.
—Y debería interrogarte un poco más —dijo.
Ella levantó la cabeza de golpe. —¿Sobre qué?
—No entiendo por qué siguen viniendo a buscarte —dijo él—. Su plan fracasó, ¿por qué siguen viniendo? Tiene que ser alguien que te conoce. Alguien que sabe que tu p